lunes, 12 de marzo de 2012

RETROspectiva: Pink Floyd - "Young Lust" (1979)



Aunque me encuentro a millas de distancia de ser un gran entendido en Pink Floyd, discrepo con aquellos que sostienen a The Wall (1979) como la obra maestra y definitiva de la banda, para mí ese lugar queda reservado sin duda para el invaluable Dark Side Of The Moon (1973) y el místico e introspectivo Animals (1977). Estos dos últimos, son a mi parecer la máxima expresión del sonido pinkfloydeano: "un montaje teatral sobre el éter del Universo", tal como recuerdo haber leído alguna vez cuando niño.

The Wall, siendo un álbum conceptual, me parece en cambio mucho menos conceptual que Dark Side Of The Moon y más cercano a una especie de collage sónico como pueden serlo A Night At The Opera (1975) y Jazz (1978) de Queen, el Houses of the Holy (1973) de Led Zeppelin o el White Album (1968) de The Beatles... los varios actos de una operatta rockera, al más puro estílo Tommy (1969) de The Who, donde se entrecruzan con relativa libertad -dentro de un contexto progresivo/vanguardista- diferentes estílos del rock, que van de su psicodelia madre al hard rock, género que en su matiz más bluesero, no fue por cierto menos explorado por la banda, que cuenta varias perlas duras en su imprescindible discografía, como "Have a Cigar", "The Nile Song", "Not Now John", la instrumental "One of This Days" y en The Wall, temazos como "In The Flesh", "Waiting For The Worms" (con un pseudo coro a la AC/DC), la cautivante "Hey You" y el clásico destacado por esta RETROspectiva: "Young Lust".

Con líricas que versan "I'm just a new boy, stranger in this town... I need a dirty woman, yes I need a dirty girl" ("soy sólo un desconocido, un extraño en esta ciudad... necesito una mujerzuela, sí, necesito a una prostituta) "Young Lust" es un clásico hard rockero por excelencia, una de las tantas composiciones ganadoras de la dupla Waters/Gimour, cantada por David Gilmour y aderezada por las tonalidades más heavies de su preciada guitarra. Definitivamente, The Wall es la corona que adorna la era dorada de Pink Floyd, uno de los pocos grupos en la historia del rock que tuvo el lujo de contar en sus filas a tres genios artísticos de la música del siglo XX: Sir Roger Waters, Sir David Gilmour y desde las sombras de un legado tan demencial como mistérico: el siempre recordado Syd Barrett.

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