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Jóven white trash, de naturaleza conservadora y apegado al cariño de la madre, pero lo suficientemente rebelde como para escapar al racismo de la época y volcarse con agrado a las influencias de la rica subcultura musical afroamericana de la ciudad de Memphis. Su temprana biografía es de por sí sorprendente, nacido en la cuna de una familia americana de herencia mixta: escocesa, irlandesa, noruega, alemana, cherokee, sefardita y gitana (según ciertas pesquizas históricas a la genealogía Presley), llegó al mundo el 8 de enero de 1935, junto a un hermano gemelo que no logró sobrevivir al parto, hecho que habría afectado notoriamente su temprana vida y gatillado la excesiva protección materna, cuya posterior muerte (en pleno apogeo de su éxito) demolió al artista y sembró el alud de su carrera, agudizándose de paso su adicción a las drogas y al consumo indiscriminado de fármacos y tranquilizantes que le llevaron a la muerte en 1977.
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Lo cierto es que Elvis fue, es y seguirá siendo un fenómeno musical de masas, el artista predilecto de las más variadas generaciones a lo largo y ancho del planeta y a quien se le continue achacando los genes del rock & roll, género que ayudó a forjar desde lo más profundo de su alma, conectando un incondicional amor por la música a la innovación e impulso juvenil, propios de la era de las "beat bands". Cinco décadas después del debút, Elvis ha pasado a ser de un gurú de la música popular, al simbolo mismo del rock y su influencia directa aún es muy perceptible, ahí donde haya músicos con actitud, desde Jim Morrison de The Doors a Glenn Danzig, pasando por Ian Gillan, Billy Idol, Bob Seger, Morrisey, Sandro y hasta versiones mucho menos afortunadas, como el kitsh nacional René de la Vega.
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