lunes, 9 de abril de 2012

RETROspectiva: Black Sabbath - "Black Sabbath" (1970)



Tan tétrica como la portada del disco, la hímnica "Black Sabbath" se inscribe en la historia de la música como canción pionera del doom y el álbum del mismo nombre como la culminación del sonido y estílo heavy metal. Tras la aparición del cuarteto de Birmighan, ya nada sería igual en el mundo del rock, a tal punto que una nueva identidad: el metalero, se escindirá del resto de la tribu rockera, generando una subcultura propia, con terminologías, usos, vestimentas y visiones muy particulares, que a cuatro décadas del nacimiento de Black Sabbath continúan vigentes y en progresiva evolución.

En su tiempo, Black Sabbath fueron considerados los bichos más raros entre un montón de nuevos grupos ruidosos que tenían en común el sacar a colación las influencias eléctricas de Jimi Hendrix, Cream o Iron Butterfly (génesis de todo el rock pesado) en oposición al rock más ligero de The Beatles, The Animals, los Stones e inclúso The Who. Sin embargo, algo de visión comercial medió también en la propuesta diferente de estos dopados e irreverentes músicos que tomaron de sus contemporáneos Led Zeppelin la llave al mundo del ocultismo y de la psicodelia dura, reempazando sus expresiones simbólicas y poéticas por historias decididamente macabras, veneración no disimulada al cuernudo (aunque en un sentido aún metafórico y no ritual o demencial como el black metal), empleo de la imaginería religiosa (cruces y cruces invertidas) en tono blasfémico y una apología al libertinaje sexual y al consumo de drogas, tal como destacara el clásico "Snowblind" de 1972, una verdadera oda a la cocaína.

Lo políticamente incorrecto, lo moral y espiritualmente condenable, es toda una ciencia de la que se nutre Black Sabbath para complacencia de jóvenes inadaptados de todas las generaciones (nos incluímos al grupo sin nada de cortedad) y para legado de millones de bandas no sólo del amplio espectro metalero, también de otros estílos turbados como el hardcore, el grunge y buena parte del movimiento alternativo de los '90. Siendo sus discos altamente adictivos, tornarse fan puede retrasar en años cualquier proceso de empatía con la realidad, aún así Black Sabbath sigue siendo música para gente con sangre en las venas, por lo mismo gratifica el hecho de que sus miembros originales (con salvedad del batero Bill Ward) sigan en ruedo y prontos a lanzar una nueva entrega discográfica, condensación de cuarenta años de historia e intermitente labor individual en las lides del heavy metal, que más que un simple estilo musical, es nuestra forma de ver la vida, entender el mundo y acompañar en todo momento los tragos dulces y amargos que conlleva la existencia.

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