Más allá de los grandes coletazos de la crisis económica mundial y de la rápida propagación de la actual pandemia de influenza humana, no podemos negar que el año en curso ha sido prolífico en muchas cosas, entre ellas: la asuidad y categoría de los grandes conciertos que hemos tenido oportunidad de ver este año, agunos de los más esperados, inclúso por décadas.-
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Ya en los meses de enero y febrero se escuchó hablar de las supuestas venidas de Rush, KISS, Heaven And Hell y Faith No More, la mitad de estas bandas ya tocaron en nuestro país y sus presentaciones superaron inclúso el umbral de lo esperado. Iron Maiden y Deep Purple dieron inicio a la oleada de conciertos, sellando una vez más compromiso con los fans nacionales, paralelo las presentaciones de bandas como Otep y Earth Crisis pasaban mucho más "piola" para el gran público, no así para sus reales seguidores, mientras unos siempre interesantes Europe se encargaron de aunar nostalgias para los rockeros más adultos en su rotada por Chile a fines del pasado mes.
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Así han trascurrido ya los primeros cinco meses del año, un año en que los fanáticos del rock más duro y de sus múltiples secuelas metálicas, no nos podemos quejar. Como con menor razón se debiera quejar el público más mainstream de este país, ese que sobrecargó el Bicentenario de la Florida para presenciar el inolvidable segundo paso de KISS o que le dió harta pasta a los medios para comentar durante días las presentaciones de Radiohead y de Oasis, bandas que en lo personal nunca he tragado, pero que inverso a lo que yo opine, son captadoras naturales de la gran audiencia.
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