lunes, 27 de abril de 2009

Que triste sería mi vida sin el rock 'n' roll

Cada vez que lo pienso, se me hace más patente la sentencia: "el rock no es simple música, sino todo un estílo de vida" y quien pretenda demostrar que esto es sólo un cliché (bastante viejo por lo demás), no ha estado en los zapatos del amante incondicional, de aquellos tantos que más que pasar buenos momentos con esta música maravillosa y necesariamente estruendosa, la han incorporado a su vida de manera indeleble, como una especie de tatuaje espiritual; una droga más fuerte que cualquier otra y que impera meter al cuerpo en grandes dósis para no morir en la letanía de los días normales.
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Para lo que ha sido el desarrollo de mi vida, considero que tuve la suerte de estar inmerso ya tempranamente en un clima de rock & roll, propiciado por los discos de Led Zeppelin, Queen, Pink Floyd y hasta de Los Prisioneros, entre muchos otros grupos que mi tío (un adolescente de los primeros ochenta) escuchaba a todo volumen y por lo general en la compañía de sus múltiples minitas, que a mi juicio eran verdaderas diosas. Viéndolo en retrospectiva, pienso que era imposíble que no me gustara el rock, si ya desde un primer momento lo asocié con la vida simple, libre y fascinante que llevaba ese loco de 17 años que se convirtió con el tiempo en una de mis principales referencias.
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Después llegaron "los años oscuros", primera parte de los noventa, en que ya perdido de vista mi tío y su eterno repertorio de los 70' y 80', uno como pendejo se acerca al mainstream y comienza a escuchar la música que más suena en los medios o la que por lo general escuchan tus amigos del colegio y fue así como en estos "años oscuros" estuve totalmente perdido y sin ningún hilo genérico, picoteando desde el grunge a la música de Coolio y peligrando sobremanera con mierdas como Pet Shop Boys, las Spice Girls y Maná... en pocas palabras: cero sentido de la música.
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Afortunadamente años después y haciendo honores a mi vieja escuela, recuperé el tiempo perdido en los años oscuros y esa primera luz, el impulso magistal, fue la discografía de Queen que completé a los 12 años, de ahí me di un buen tiempo por satisfecho ya que no escuchaba otra cosa que no fuera la música de Queen, ese compendio de genialidad y multiplicidad estilística al que agradeceré toda la vida el haberme mostrado casi todo en términos musicales, desde el más accesible pop/rock al original heavy metal, música a la que en un primer momento aborrecí y que no comprendí, pero que más tarde se convirtió en mi género particular, ya que prácticamente (salvo algunos flirteos con el flamenco y el blues) metal es lo único que escucho.
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A los 13 o 14 años tuve mi primer contacto con amigos metaleros que hasta el día de hoy (más de una década después) siguen siendo fieles al género. Curioso es que en aquel tiempo todas las bandas que valorabamos eran metidas al mismo saco y nadie hacía diferencia entre escuchar los discos de AC/DC, de los de Manowar o los de Cryptosy, no se hablaba de death metal, ni de power metal, ni de hard rock, ni de metal progresivo, etcétera. El único sello que mandaba era el METAL y tenías dos opciones: o lo eras fiel o eras un simple posero... con el tiempo, los poseros cayeron por su propio peso, tratando de sobrevivir no sé a qué, los metaleros en cambio aquí seguimos: escribiendo bitácoras, hablando de bandas, de discos, de recuerdos y tomando al ritmo de las mismas canciones de antaño: las de Accept, las de Maiden, las de Sabbath, Zeppelin, Metallica, etcétera. El tiempo para nosotros se congeló y probablemente esta pasión sigue viva porque nos recuerda los buenos años que no volverán, pero que a la vez están más vigentes que nunca en nuestras mentes, sentimientos y actitudes, resistiendose a morir todas las veces que rotan nuestros viejos discos y agresivos riffs retumban nuevamente en las ventanas.
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Si un día para otro, pudieran borrar de la historia al rock 'n' roll, un gran vacío quedaría en mi existencia, ya no habría registro de momentos que me marcaron de por vida, experiencias engrandecedoras y también tristes, como rompimientos, desamor y muertes que ahogé una y otra vez con esta, mi música. Hay tantas canciones a las que atribuyo un significado especial, porque cubrieron pequeños fragmentos de mi propia vida, a las que como un álbum de fotos cualquiera asisto una y otra vez para reconstruír mi historia, mi identidad.
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Para algunos el rock lo es todo, para mi sin embargo lo es, pero no en todas sus manifestaciones. Requisitos fundamentales: el estruendo, la actitud y el groove, mismos que valen tanto para una balada de Scorpions como para la carnicería de Cannibal Corpse. Con esos parámetros en mente, en los laberintos del heavy rock penetré un día por simple curiosidad, sin saber que me llevaría toda una vida metido ahí... ahora me imagino 30 años en el futuro, viejo y decrépito, pero buen conocedor de la cuantía del tiempo, congelando el pasado en medio centenar de discos, la misma música de los 15, de los 20, de los 25 y si la vida de mi se compadece: hasta de los 60 años y más.
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METAL IS FOREVER!!
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MSG - Rock Will Never Die

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Primal Fear - Metal Is Forever

domingo, 19 de abril de 2009

Un breve paseo por la compleja mente de Philip K. Dick

Para muchas personas, son las "vueltas de tuerca" las que dan un mayor sentido a sus vidas, el imponerse la idea de encontrar una realidad última, algo más allá de lo simple y lo aparente. De entender los hilos mágicos que mueven a la sociedad o al cosmos en su esplendor. Es de por sí la naturaleza del científico, del investigador (como del instigador), del filósofo o de los que simplemente se la dan de tal cosa, dar con la luz de la razón suprema, aquella que es ocultada bajo muchos matices, como los de la ley y la uniformidad, beneficiando a quienes pretenden mantener ineltaralble el statu quo: prisión invisible que buena parte de su vida denunció la peculiar mente de Philip K. Dick, quizás el más grande autor de ciencia ficción desde Julio Verne.
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El término de ciencia ficción en general es muchas veces mal entendido y mal empleado, lo que no hace más que dejar en evidencia las dispares calidades, lucideses o genialidades de los respectivos autores. Para un buen autor como Antoine de Saint-Exupéry, Julio Verne, Herbert G. Wells, Anthony Burgess, o como Philip K. Dick, el mejor concepto para ciencia ficcion vendría a ser: "Realidades alternativas creadas por mentes también alternativas que tienden a cubrir o disimular el espíritu de la que es considerada la REALIDAD PRESENTE del escritor ficcionario, dejando entrever moralejas y cuestionamientos filosóficos muy trascendentes a la natura humana".
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Otro puñado de escritores de ciencia ficción (por lo general la mayoría) sólo hacen la tarea burdamente, como los libretistas de una película mediocre, disparatada y estúpida de la que no es posíble extraer sentido alguno. La ciencia ficción de calidad debe enlazar necesariamente conexiones a esa realidad última que jamás se nos presenta físicamente, pero que sí es presumible y por tanto significar la puerta tras la cual muchos de nuestros cuestionamientos y planteamientos existenciales encuentren respuestas satisfactorias o al menos ejemplares metáforas sobre los misterios de la vida.
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El robot de Philip Dick
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Contra el temido estigma de escritor de ciencia ficción mediocre, justamente Philip K. Dick (1928-1982), uno de los mejores novelistas norteamericanos del siglo XX, luchó insistentemente los primeros años. Gran conocedor de la psicología jungiana, como de la espistemología kantiana, el realismo mágico de Jorge Luis Borges, la politología de Hannah Arendt y las revelaciones bíblicas, confeccionó con colores propios la nueva ficción especulativa, haciendo gala de conocimientos sobresalientes y una genialidad pocas veces vista, que como en todo psicótico rayaba también en lo demencial, en la paranoia exacerbada y en cuestionamientos constantes y desgastantes sobre la realidad última a la cuál no pretendió acceder en un primer paso a través del abuso de drogas duras (como haría desde medidados de los sesenta), sino que prácticamente acosado por esta en sueños esquizoides que tuvo desde niño, reveladoras fantasías que no tardaría en extender con el uso de fármacos.
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Con una temática constante que persuadía de que "las cosas nunca son lo que aparentan", en la mayoría de los libros de Philip Dick (los buenos, los malos y los regulares) los protagonistas, tal como el mismo, eran tipos que llevaban vidas normales hasta que de pronto descubren que siempre han vivido en medio del limbo, para de pronto comprobar que su vida había sido toda una mentira maquinada por poderosos, o que de pronto la gente que los rodeaba o hasta ellos mismos, no eran realmente humanos, sino mecanismos hechos para vivir la voluntad de otros, premusiblemente gobiernos dictatoriales (como para Dick fueron los Estados Unidos de Richard Nixon) o mentalidades superiores, especies de mini-dioses como Ubik o Palmer Eldritch, personajes que quizás a más de alguien les suenen, puesto que las tramas de sus respectivos libros, inspiraron más de algún tema de Rush en los setenta.
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En los inicios Philip Dick intentó separar su función de escritor ficcionario de los roles de su vida como esposo y padre de familia, cosa que no logró consolidar jamás, ahondando en sucesivos fracasos, separaciones y distanciamientos. Dick creía muy a fondo en sus revelaciones, en las señales del destino (mucho más en las lecturas subliminales), fusionando todo aquello con su profunda religiosidad e idealismos post modernos. Sin embargo toda esta mezcla de locura y erudicción no sólo sirvió de combustible en el desarrollo de sus grandes historias y geniales paralelismos como la de "El Hombre en el Castillo", ayudó a formar también la mística de Philip Dick, el escritor más loco e interesante de su generación, idolatrado por los hippies y los consumidores de ácido y hasta por el propio John Lennon a pesar de su mediana fama en los años 60'-70'.
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En la cima de sus crisis, Dick escribía más y mejor, al punto de que no siempre le alcanzó el tiempo para releer sus numerosos ensayos e inclúso de hacerlo, muchas veces no pudo reconocer que el mismo los hubiera escrito, lo que ayudaba a aumentar su miedo paranoico de no ser él todo el tiempo, o de ser víctima de un reemplazo por otro ser o máquina, similar a aquel robot (de la segunda foto) que construyeron varios años después de su muerte y en honor a sus novelas, al que presumiblemente han ido perfeccionando con el paso de los años, con el fin de convertirlo algún día sea el duplicado perfecto del propio Dick. Muchas de las revelaciones atribuídas a una vida pasada o a las visiones que decía recibir de señales hiperbólicas, como las (supuestamente) enviadas por la KGB, para muchos resultan una evidencia creíble de que sus disvaríos, tenían fundamentos reales, de que Dick finalmente sí habría alcanzado un nivel superior y logardo entrar en contacto con una realidad trascendente o al menos encubierta.
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En fín, Philip Dick sí se creía su cuento, puede que haya sido un verdadero loco y más que drogo, un fármacodependiente toda su vida, pero nada de eso le resta genialidad, siendo uno de los escritores que con sus constantes "vueltas de tuerca" más te hace pensar y considerar que pueden existir muchas más alternativas a aquello que consideramos la verdadera realidad espacio-tiempo, de la que se jactó de escapar siempre, indagando varios pasos adelante, tal como afirma uno de los protagonistas de Blade Runner, la existosa película estelarizada por Harrison Ford en los ochenta, título fílmico de "Sueñan los androides con ovejas eléctricas":
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"Yo... he visto cosas que vosotros no creeríais...
atacar naves en llamas más allá de Orión,
he visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta Tannhäuser.
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Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir".
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Philip Dick es considerado junto con Jack Kerouac, Hunter S. Thompson y Allen Grinsberg uno de los escritores imprescindibles en el espectro de la contracultura y del rock.
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Los imprescindibles de Philip K. Dick
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Los tres estigmas de Palmer Eldritch (1965)
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Supuestamente el 2005 se perdió la cabeza del robot. Se conjetura por otro lado que esto es sólo una mentira mediática, ya que estarían perfeccionandolo. Si un androide sustituto sobrevive al propio Philip K. Dick, esto habría sido sin duda la concreción de una de sus peores pesadillas.

jueves, 16 de abril de 2009

Mi obsesión por Candy Givens

Tras todos los excesos del rock, se esconden las diferentes historias de sus artífices, tan mezcla de mito y realidad que a veces no es fácil distinguir lo uno de lo otro, aunque evidencias sugieren que íconos como Hendrix, Jim Morrison, Syd Barret, Janis o Kurt Cobain pisaron el borde de un límen muy delgado entre un universo personificado, hecho a la medida de sus disvaríos, y la hasta en ocasiones: "discordante realidad".
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Estos músicos destacados tienen algo en común: el hecho de haber creído demasiado en sus propias mentiras o lo que es lo mismo: realidades paralelas, creadas por sus mentalidades duales entre la demencia y la genialidad (rasgos de bipolaridad como los que tenía Kurt Cobain, la paranoia de Ozzy o directamente la esquizofrenia en Syd Barret) o por inmersión psicodélica en las venturas del LSD y su apertura sensorial a pseudo-experiencias místicas de las que ningún consumidor por muy experimental que fuera, habría regresado igual. En consecuencia, ambos factores: la droga sintética y la demencia, hicieron combustión en el espíritu rockero y sus diversas tendencias, muy especialmente a fines de los sesenta.
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Precedente de una contracultura marginal, teñida con rasgos de rebeldía, el rock psicodélico en su variante más extrema sentó las bases del heavy metal, con elementos en principio discordantes, pero que paulatinamente fueron fusionándose, como serían los principios libertarios (leer post relativo) existenciales de sus artífices, el ambientalismo siniestro, inspirado por la literatura más dark y alternativa, como también en el ocultismo y en un folk denso, en general atribuído al sentir pagano, sumando desde luego toda la tradición del blues, aunque modificado en sus bases: más improvizado y en la máxima distorción, tal como lo pionerizó Jimi Hendrix.
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No resulta exagerado concluír que el orígen del metal, una música tan admirada como masiva, surgió técnicamente en los acordes de Jimmy Page, Tony Iommi o Ritchie Blackmore o a mi parecer desde mucho ántes, en los propios zarpasos de Jeff Beck, Kim Simmonds o Eric Brann, aunque no es sino en la locura de Ozzy, en la mentalidad extravagente de un sujeto mediocre y de baja autoestima, nacido en los barrios bajos de Birmighan, tanto como en las radicales letras de Sir Lord Baltimore y el mundo pagano de Jimmy Page, donde el metal tiene real orígen... pues si los riffs son su forma, su espíritu es justamente aquel principio de asimilar todo aquello que está de espaldas a la luz, "like a rainbow in the dark" diría R.J. Dio.

Todos los atributos de aquella generación dorada del rock, perdida en sus drogas y en el convencimiento de actuar contrarios a una gran zombificación social, de la que pretendieron escapar por medio del LSD (y la caída del telón que cubre una maquinada realidad) o propagando música cada vez más estruendosa entre la juventud, contraria a todos los convencionalismos es lo que cuatro décadas más tarde sigue vigente, aunque inevitablemente se ha perdido de vista todo lo que hay o hubo detrás de esto. Tal vez fuera el grunge y en sus principios no comerciales, el último brote de comprensión de esta rebeldía declarada del rock... la oscuridad arqueotípica de conjuntos emblemáticos como Alice In Chains, no fue otra cosa que un revival de lo que décadas ántes hicieron los propios Black Sabbath, tal como RATM dió la cara por ese tercer mundo que vive en las entrañas del mismo imperio, algo que ya hiciera en su momento la banda más radical de los sesenta: MC5.

El presente o lo reciente trae siempre a la memoria hitos ya acaecidos, hazañas que vuelven a desatarse, pero por nuevos protagonistas, a los que en algunas ocasiones se les da todo el crédito, cuando sólo vienen a encarnar un remake.- esto no es ajeno al rock. Quizás el nombre del post debió ser otro, algo más relativo a la pobre retrospectiva de las líneas anteriores, sin embargo es todo el hilo necesario para situar a la músico en cuestión: Candy Givens de Zephyr en un espacio-tiempo representativo, en que rock era mucho más que la máquina comercial atrapa-pendejos de hoy en día y del todo contrario a las palabras "masivo" y "moda", atributos que contrarían naturalmente su atemporalidad.
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Candy Givens es justamente eso, una artista sin tiempo, versión femenina de Robert Plant para algunos, para otros simplemente (y me incluyo), la inmediata heredera de Janis Joplin, demasiado anónima para la mayoría, pero hasta platónica para quienes la tomamos en serio: los pocos seguidores de Zephyr, los que extienden sus gustos desde Jefferson Airplane a Led Zeppelin, los seguidores de Tommy Bolin, etcétera. Lo que Ella Fitzgerald es al Jazz, Candy Givens viene a serlo para el hard rock, aunque privada de fama y cada vez más ahogada en las drogas hasta su deceso en 1984... son la magia del blues y la psicodelia, como sus pancartas libertarias y feministas lo que definieron su legado, en un tiempo en que las mujeres apenas destacaban en la música dura.
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Givens fué después de Janis Joplin una mano guía para las nuevas generaciones de rockstars femeninas y a pesar de su tremenda cuantía, la importancia que el mainstream le atribuye es muy menor a la de Joan Jett, Deborah Harry, Lita Ford o Courtney Love, inclúso más allá del hecho de que muchas de sus composiciones precedieron la línea de songwriters femeninas que años más tarde saltarían a la fama como Alanis o Fiona Apple, aunque en el tiempo de Candy, no captaron el mismo interés.
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Hija de padres vagabundos (presumiblemente delincuentes que se dedicaron a merodear por todo el perimetro de Gringolandia), conoció bien los bajos fondos, su cable a tierra fue siempre la música, de la que como una verdadera hipster se enamoró a temprana edad del jazz y del blues, a la vez que las drogas se convirtieron en su tormentosa compañía. En los sesenta conoció al bajista David Givens, con quien se casó y formó Zephyr, separándose hacia finales de los setenta... en los primeros años la pareja se unió a Tommy Bolin, el jóven talento contratado por Deep Purple tras la salida de Ritchie Blackmore y que falleció con apenas 25 años, a causa de la misma aflicción que se llevaría unos cuantos años después a la propia Candy Givens: el consumo de heroína.
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Escalofriantemente reveladora es la cubierta del primer disco de Zephyr, su álbum homónimo. Sin una razón aparente se representa un cuarto de baño, enfocándose particularmente en la tina... curiosamente Candy Givens murió de una sobredosis en 1984, el lugar donde encontraron su cuerpo fue justamente reposado en una tina, muy similar a la del dibujo de 1969.

"Hearbeat" y "Don't Come Back" del álbum Heartbeat de 1982

sábado, 4 de abril de 2009

Un sueño cumplido: La impecable presentación de KISS en Chile!

Lo esperábamos y así fué; KISS abrió ayer en el estadio Bicentenario de La Florida, el tur que los llevará a recorrer una vez más Latinoamérica, con una jornada de rock, luces y pirotecnia que pasará a la historia y quedará mucho tiempo en el recuerdo de los miles de asistentes que pudimos ver por fin en acción a uno de los mejores conjuntos del hard rock mundial, aquellos que engendrados en la década del glam y del heavy metal clásico, han enseñado por cási 40 años el camino a todas aquellas bandas cuyo producto traspasa las barreras del estudio, logrando mayor espeldor sobre los escenarios, con toda la teatralidad y efectos que suele acompañar a los grandes artistas, desde Rob Zombie a Craddle Of Flith, pasando por Marilyn Manson, Mötley Crüe, W.A.S.P., etcétera.

Desde un principio, no me pareció sin embargo, que el estadio oficial del Audax Italiano fuera el mejor recinto para recibir a unos maestros de la talla de KISS, conocidos por desplazarse por grandes infraestructuras y llevar la ilusión por igual a los sectores VIP, a las gradas, la galería, cancha, etcétera. Sin embargo y muy a pesar de que las pantallas gigantes (irónicamente) eran minúsculas, no me pude quejar de mi posición a menos de 40 pasos del escenario, posición que paulatinamente fuimos abandonando presionados por la olla humana y buscando algún sector de mayor tranquilidad desde donde capturar las imágenes.
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Hacia las 20:00 hrs el Estadio estaba lleno y tras una aturdidora espera de 1 hora y algo más, aparecieron unos teloneros por decirlo suave: "bastante mediocres" llamados Racimo, totalmente anónimos para mí como para la mayoría de los presentes y que desarrollaban un estílo que a juzgar por los primeros temas era bastante ajeno a KISS, para lo que mejor hubiera abierto algún grupo de buen heavy rock y más consolidado como Wharenaldo, Silverjack o DamaJuana, en fin, la lista es larga. Pero los tipos se defendieron regalándonos versiones del "Higway To Hell" de AC/DC y el "Fear of The Dark" de Maiden, para luego de otra larga espera, darle finalmente el pase a los dioses de la jornada.

Y tocaron finalmente KISS a eso de las 21:30, el tema de apertura fué -y cómo no- "Shout It Loud", precedido de la histórica presentación de la banda en los conciertos ("You wanted the best, you got the best, the hottest band of the world: KISS") y luego de echar abajo la cortina, para que Paul Stanley fuera el primero en ser aclamado por el público, al que saludó en su imperfecto español.

Luego de "Shout It Loud", un temazo tras otro llevó a todo mundo a la euforia, entre saltos y empujones se me hizo imposíble hacer alguna buena toma, aunque de hecho, al igual que en el concierto de Queen el año pasado, tampoco pretendí perder mucho tiempo en eso. Mi primer objetivo era absorver y vivir al máximo una fiesta del mejor rock a manos de uno de los conjuntos históricos, que si bien no cuenta entre mis bandas favoritas, es de los primeros y más valorados grupos con los que me abrí a las fronteras del metal y de ahí a todo el espectro relativo.
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Y como pocos sobrevivientes del rock de los setenta, Kiss se encargó de recordarnos todo su ecumenismo musical, paséandose por la diversidad de sus clásicos, desde la metálica "Parasite", a la más disco y bailable "I Was Made For Loving You", con un entremés de clásicos ochenteros y algun que otro tema que yo jamás esperé escuchar en vivo, sobretodo "Lick It Ut", hit de la era "sin maquillaje" y que por lo general no es muy recurrente en los conciertos de Kiss.

Los himnos "Rock and Roll All Nite", "Black Diamond", "Love Gun" y "Detroit Rock City" (dedicado en la ocación a Santiago), como cabe de cajón, marcaron momentos determinantes de la presentación, un estallido de papeles voladores para "Rock and Roll All Nite", el vuelo desde el escenario hacia una torre de Paul Stanley en "Love Gun" y el eufórico y definitivo cierre con "Detroit Rock City" luego del cual la gente se retiró en órden, muy conforme y visiblemente emocionada.

Una, dos y hasta tres generaciones de rockers y metaleros a quienes se nos regaló dos increíbles horas de concierto, con un Gene Simmons y Paul Stanley que no parecen abatidos por los años e hicieron sonar fuerte sus respectivos instrumentos y hasta con algunos flirteos funkys en la guitarra de Stanley (que también improvisó el "Stairway To Heaven" de Led Zeppelin), tremendos solos de Tommy Thayer y Eric Singer y el infaltable número de Simmons salpicando sangre con su lengua de lagarto y volando a lo más alto de la tarima.

Un sueño más cumplido. Sin duda KISS saben honrrar su título del mejor espectáculo en vivo. Lectores de Latinoamérica, les aconsejo que desde ya vayan comprando su entrada!.
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video
Solo de Eric Singer

jueves, 2 de abril de 2009

MFTME 8

Con portada de Metal Sanaz (la conocida presentadora metalera de orígen iraní), se viene con todo este METAL FROM THE MIDDLE EAST, primero del 2009 y ya octava entrega de estos compilados personales que vengo subiendo al blog desde agosto del 2007, en atención a mis raíces y gustos musicales y como un tributo especial también a aquella ya abandonada página dedicada al metal más under de Europa, Asia y el mundo mediterráneo que era Lelahel Metal, del amigo Redouane Aouameur.
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Lo prometí en la anterior entrega y creo que lo he cumplido con creces; este MFTME es mucho más extremo que los anteriores, hecho en buena parte de puro death metal y del más potente thrash que se desarrolla a lo largo y ancho del medio oriente, pero bajo la selección pertinente que es de esperar en cada uno de mis compilados, por lo que aquí "hay calidad" y está asegurada señores. Eso sí, no todo es tan agressor y maticé necesariamente hacia el final con la música de bandas más alejadas de los monótonos "growls" y del riffage destructivo.
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Como es costumbre, la mayoría de las bandas que suenan en este MFTME jamás lo habían hecho en algún compilado anterior, la única excepción la hacen los libaneses Blaakyum, ya viejos conocidos de la casa y que en la ocación nos deleitan con uno de sus nuevos temas thrasheros que puse al cierre.
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EL VIDEO
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Almora - Shehrazad
Video promocional del penúltimo álbum de estudio de esta reputada banda turca, que llevó por título el mismo nombre. Un poco de melodías gótico-operísticas y matices folk, para aminorar el compilado.
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SE AGRADECEN LOS COMENTARIOS!!!

miércoles, 1 de abril de 2009

30 de abril: Despedida de los guerreros del HARD-ROCK chileno!

Siempre es motivo de gran tristeza, cuando bandas que uno sigue y valora realmente anuncian su fin, aunque sólo fuere un momentáneo distanciamiento, ya que por lo general, eso nunca lo sabemos.
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Lo de Weichafe ya se veía venir y los indicios fueron varios, desde la menor asuidad de sus presentaciones en vivo, al rompimiento de todo un ciclo discográfico, que hasta el 2006 había respetado la frecuencia de un nuevo álbum cada 2 años. El más claro de todos los indicios, sin embargo, es el gran impulso que Pierattini ha venido dando en el último tiempo a toda su carrera en solitario, nada cuestionable en un compositor que mezcla la genialidad folclórica con las influencias del rock clásico, existencialista y poético de un Bob Dylan.
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Recuerdos y nostalgias quedarán muchas con el distanciamiento (musical) de este power trío que me eclipsó por primera vez en una tocata en Copiapó allá por el 2000-2001. Esa misma banda que como ninguna anterior, fue capaz de mezclar en cada uno de sus discos el poder del heavy metal más básico y psicodélico al estílo de Black Sabbath y Led Zeppelin, con las imprescindibles composiciones acústicas de Pierattini y algunos cuantos toques retro-experimentales - todo bajo una identidad netamente chilena, donde las letras de los primeros tiempos, (a simple vista indecifrables) guardaban un sentido potente de nuestra realidad social.
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Su último disco "Harto de Todo", fué para mí una verdadera revelación de la inteligencia compositiva de una banda muy criolla que jamás pretendió estar a la vanguardia y fue bastante hermética frente a las influencias del rock foráneo actual. Este último álbum de estudio, conceptualizó la vejéz y la soledad de una manera tan magistral que en un primer momento me dió ganas de remecer a todo mundo y decirles: "Escuchen WEICHAFE mierda, eso es el rock".
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Y así pasó el tiempo y en mi paso por Santiago, traté de asistir a cada concierto de estos maestros, que para mi son y seguirán siendo por lejos "la mejor banda nacional", tocatas que atesoraré por siempre en la memoria y a las que desde luego voy a sumar la de su despedida este fin de mes en el Teatro de Novedades, donde la idea es que se reúnan todos los feligreses de esta religión llamada WEICHAFE, religión, música e identidad en una sóla banda que será hasta dentro de viente años más, uno de los mayores referentes del rock chileno.
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Alabados sean los de Ñuñoa! .........................+ INFORMACIÓN

"El ejemplo debe seguir y la historia debe continuar"

Lo que se viene...

Este concierto, de más está decir que "promete" y mucho. Los españoles Saratoga + los nacionales Six Magics y Huinca como teloneros, en un mambo metalero de primer nivel y en un recinto a la altura.

Entradas a la venta por ticketmaster. Los asistentes a este METALFEST luego podrán comentarlo aquí, ya que por límite de presupuesto yo no podré ir, culpa de la oleada de buenos conciertos que nos invaden en el país.
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Jueves 16 de abril
9:00 p.m.
Estadio Victor Jara
Entradas: $14.000 (General)

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